Mi papá, piloto de Aerolíneas


Nunca me puse mal por no entrar a un trabajo, nunca lloré una entrevista mal hecha. Siempre tengo miedo cuando cambio de trabajo pero jamás experimenté malestar por lo que no salía. No por conformista, para nada. Es por culpa de LAPA. Mi papá, ahora, es piloto comercial, un piloto que “se hizo de abajo” que trabajó desde los 12 años para poder pagarse los estudios. Que se rompió el culo estudiando para que le den becas porque ser piloto, siendo pobre, es muy difícil. Y lo era mucho más en los 70s.

Mi papá lo único que quiere es volar, volar por siempre. Él en el aire es feliz, es él. De chica, sufrí no tenerlo en mi casa todos los días. Hizo vuelos de correo, charters, vivía en Tucumán una semana, otra en mi casa. Mi papá me enseñó con el ejemplo a ser un apasionado, él es un apasionado. Era un papá “semi presencial” pero por amor a su profesión. Ser piloto fue un hijo más y se distribuía el tiempo como podía entre sus 3 hijos.

Mi papá trabajaba para Dinar pero quería entrar a LAPA, dos empresas aeronáuticas que durante los 90s tenían un potencial enorme. LAPA más porque tenía proyección internacional y eso era todo un avance para mi papá: hacer vuelos de muchas horas seguidas, estar en el cielo más tiempo, conocer rutas internacionales. Se postuló a una búsqueda, lo entrevistaron, fue avanzando, lo último que faltaba en el proceso era que viniera una asistente social a casa a entrevistar a la familia (eso era normal), lo pasamos. Estaba todo perfecto. No me acuerdo bien pero estoy casi segura que llegó a mandar el telegrama de renuncia a Dinar. Y a la semana, lo llamaron de LAPA y le dijeron que le pedían disculpas pero que su ingreso a la empresa estaba suspendido. Me acuerdo como si hubiera sido ayer… silencio… “muchas gracias”, mi papá cortó el teléfono y se puso a llorar, pocas veces lo vi llorar así. Llorar como con la muerte de Mufasa. Llanto desconsolado. La angustia le duró unas semanas, en Dinar lo volvieron a tomar y desestimaron su renuncia. Mi papá seguía volando a Río Gallegos y a destinos de no más de 3 horas.

Al año de eso, pasó el accidente de LAPA. El 31 de agosto de 1999. Y entendí que, a veces, uno no entiende por qué pasan las cosas. A veces las cosas no tienen que ser. Siempre, siempre, creí y creo que todo pasa por algo y que siempre hay un trabajo mejor para vos. Que hay que aprender a capitalizar el contexto, la circunstancia. Confiar en que no siempre lo mejor es que ESE laburo salga, que ESE laburo se sostenga. A veces, es mejor vivir. Ah, otra casualidad: el 31 de agosto cumple años mi papá, no lo tomé como una coincidencia más, creo que fue un mensaje. Mi papá ahora hace vuelos internacionales pero en Aerolíneas Argentinas. Mirá vos… cumplió su sueño más grande, volar en Aerolíneas.

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