Mi primer trabajo a destajo

Tenía 8 años. Mi mamá había puesto un lavadero de ropa, ahí aprendí que la palabra “inauguración” lleva una u antes de la g pero que muy pocos la pronuncian. Era un emprendimiento de mi vieja con una socia y todos la acompañábamos y apoyábamos.

El horario del lavadero era de 9 a 20hs de corrido y, al principio, no tenían pensado tener empleada, así que se dividían el horario entre las dos socias. Yo salía de la escuela a las 12.15, dos días de la semana tenía talleres a la tarde y tres estaba al pedo. Y como estar al pedo es improductivo y está mal visto, mi mamá decidió que era un buen momento para inculcarme la cultura del trabajo. Así fue, esas tarde que antes estaba al pedo, empecé a ir al lavadero. Almorzábamos ahí con mi hermana 4 años más grande. Comíamos algo que no necesitara ser calentado porque no había microondas (ni en casa, ni en el negocio).

Mi mamá nos encontró tareas para hacer al toque: mi hermana desmanchaba. O sea, era el segundo momento dentro de la cadena de montaje.  El primero era separar la ropa por color, que lo hacía mi mamá porque era demasiado CLAVE ese momento y el riesgo de dejar toda la ropa rosa era demasiado alto para dejarlo en manos de una nena de 12 y otra de 8. De ahí, la ropa iba al lavarropas, mi vieja la sacaba, la ponía en un canasto y ahí entraba YO. Mi lugar de trabajo era el baño del lavadero que estaba separado del frente del local por una pared con estantes donde se ponía la ropa en bolsas para que sean entregadas a los clientes.

Mi vieja me pasaba los canastos con la ropa recién salida del lavarropas y yo la pasaba por el Kohinoor y le devolvía los canastos con la ropa centrifugada para que tardaran menos en el siguiente paso que eran las secadoras.

Así era mi trabajo: Recibía canastos con ropa mojada, la centrifugaba y la dejaba casi seca.

Tenía una metodología muy pensada y estructurada para hacer mi labor de la forma más eficiente. Tenía riesgos, claro. Por ejemplo que me quedara una prenda dentro del Kohinoor y después no saber de quién era. Olvidarme de los tickets y después no saber de quién era la ropa. Centrifugar dos veces el mismo canasto y perder timing. No era sencillo pero yo podía sobrellevar todo eso de una manera admirable. Mi mamá me pagaba $0,25 centavos por cada canasto, a mi hermana le pagaba $0,50 porque su puesto era más calificado. Para desmanchar tenías que ser más alto para llegar a la mesada y yo no lo podía hacer. Yo tenía que hacer un trabajo donde mi campo de acción no superara el metro del piso.

No tuve comunión, por eso no tuve ahorros “de arriba”. Tuve a mis 8 años, mi primer sueldo a destajo.

Una anécdota que tengo muy presente fue cuando una vez fui a trabajar con un ojo morado. Sí, un ojo con un hematoma gigante. El fin de semana había ido a lo de mis primos y jugando me habían dado un codazo en el ojo y me quedó como si me hubieran pegado una piña. Yo aproveché esa marca para dar lástima, di lastima todo lo que me duró el moretón. En un momento de un día en el lavadero, salí del baño con un canasto y me vio una señora que venía a buscar ropa, yo puse cara de nena golpeada o de cómo me imaginaba que se vería una nena golpeada, puse cara de triste, obvio. Y la mujer quiso darme “propina”. Mi mamá le dijo: “No, no. Es mi hija.” BIEN! Objetivo cumplido, la mujer había creído que yo era una nena pobre a la que la golpeaban sus papás. BIEN!!!

 

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