Mis primeros pasos como proletaria

 

No sé por qué durante mucho tiempo, tal vez, desde mis 15 hasta mis 19 años empecé a decir que algún día iba a trabajar en Adidas, como si fuera un sueño difícil de cumplir. Miraba los locales y lo pensaba, hablaba con mi mamá y se lo contaba. Como si Adidas fuera el ejemplo al buen empleador, no sé. Realmente no sé por qué tenía el sueño de laburar ahí.

Un verano pedían pasantes para cubrir puestos en locales durante diciembre, enero y febrero y me postulé, obvio. Me llamaron, tuve la entrevista en una empresa de RRHH y mi primer entrevista laboral grupal.

Las entrevistas laborales de por sí son incómodas y las entrevistas grupales son lo peor que le podés hacer a una persona que quiere conseguir el trabajo. Nos sentaron a todos en una mesa. Nos pidieron que nos presentemos y nos pidieron que dijéramos 3 virtudes y 3 defectos[1] de nosotros mismos. Obviamente pensé 6 virtudes y 3 las exageré para que sean vistos como defectos: “soy muy autoexigente, demasiado responsable y culposa”. Cuando le tocó el turno a la chica que tenía al lado, éramos solo dos chicas, ella dijo sus virtudes y cuándo le tocaba decir sus defectos, arremetió: “defectos… no, no tengo defectos.. JA, ah re… cualquiera” y pensé “qué manera estúpida de perder una oportunidad laboral” y después seguí pensando: “bueno, en un punto con eso dijo sus tres defectos de manera implícita.”

Después, nos hicieron hacer un ejercicio donde teníamos entre todos una problemática y teníamos que resolver una situación. Me acuerdo que era algo así como: “están en una isla, están todos mojados, se va a hacer la noche, necesitan comer, qué harían? DEBATAN” y yo pensé: “Esta gilada para trabajar en un shopping donde vendería ropa, donde hay techo y, si tengo hambre, voy al piso de arriba al  patio de comidas”. Pero para ellos era re importante que dijera que lo primero que había que hacer era sacarnos la ropa y ponerla al sol para que se seque antes que se hiciera de noche, para que no pasemos frío. Se ve que esa reflexión me hizo ganar el juego.

Cuando terminamos de debatir, el que nos hacía la entrevista se fue a una oficina que estaba al lado de la sala donde estábamos y nos dijo que nos iba a ir llamando para terminar con el proceso de selección y que nos llamarían. No sé bien qué pasó. Fueron pasando todos… Los llamaban rápido y, cuando quedamos dos, volvió el tipo de la consultora y nos dijo que seguiríamos con la entrevista. A los otros los fletó, a la mina era obvio. Me llamó la atención que fletara a un pibe que durante la odisea imaginaria fue clave porque sabía usar la brújula.

Seguimos con nuestra entrevista, queríamos ser vendedores de Adidas. Pasamos a una etapa un tanto vergonzosa para mí, teníamos que dibujar y escribir un cuento. Obviamente, escribir no me molestaba, pero dibujar?… Uf, yo a los 20 años tenía el mismo talento para dibujar que a los 4.

Por suerte no evaluaron mi habilidad con el lápiz y papel y  entré a Adidas! BIEN! Estaba contenta! Me había quedado sin vacaciones e iba a tener que viajar 2 horas y media para trabajar durante todo el verano pero estaba contenta. Porque no iba a estar desocupada, aprovechando mi corta edad. Porque lo importante, siempre, es tra-ba-jar. Porque el trabajo dignifica. Si sos mala persona pero trabajas mucho, sos digno. Si sos buena persona pero laburas poco, sos indigno, fuera de aquí! En este sistema no sos bienvenido.

[1] Me pareció una buena idea meter una nota al pie cada tanto para hacerles un favor a los lectores. Es simple, las notas al pie dan a texto inteligente. Sirven para dar cuenta de algún conocimiento que puede no ser sabido por todos los lectores y que es necesario aclarar para que se comprenda mejor la lectura. Y eso es de inteligentes. Con lo cual, si leen esto en algún transporte público y algún curioso les pispea la lectura, creerá que son inteligentes. De nada.

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